🌿 Mil maneras de abrazar un plaid
Hay objetos que llegan a nuestra vida casi sin hacer ruido, pero terminan acompañándonos en los momentos más cotidianos y también en los más íntimos. Un plaid es uno de ellos. No es solo una manta: es un gesto de cuidado, un pequeño refugio que espera silencioso en un rincón del hogar, listo para abrigarnos cuando lo necesitamos.
En Bertha’s Nice Things cada plaid nace de forma artesanal, con telas naturales como la muselina y el waffle. Ambos tejidos tienen algo especial. La muselina acaricia la piel con una suavidad difícil de olvidar, es ligera, transpirable y flexible, una compañera perfecta para cualquier estación. El waffle, con su textura esponjosa y su aspecto de panal o gofre, aporta cuerpo, calidez y un encanto rústico que lo convierte en un tejido muy querido.
Y quizá por eso, por su tacto y su presencia, un plaid puede tener muchas vidas.
Hay quien lo utiliza para arropar a un bebé mientras duerme plácidamente en su cochecito, igual que yo hacía con mi hija cuando era pequeña. Es sorprendente lo que puede transmitir una tela suave: calma, ternura, protección. Pero también hay quien prefiere usarlo para vestir el sofá, para cubrir una cama en tonos naturales o para aportar un toque de color en una butaca que necesitaba nueva compañía.
A veces los plaids se convierten en parte de nuestros rituales diarios: la pausa del café en el balcón cuando el aire empieza a refrescar, la lectura de última hora del día, la siesta perezosa del fin de semana. También son perfectos para esos porches de verano donde la brisa llega tímida al atardecer y lo único que apetece es envolverse un poco sin perder la ligereza.
Quienes practican yoga o meditación encuentran en ellos un aliado inesperado: el peso justo para relajarse tras la última postura, la textura adecuada para sentarse en calma, la sensación de recogimiento que acompaña a la respiración consciente.
Y luego están esos momentos en los que la vida nos invita a salir. Un picnic entre flores, una escapada improvisada, una tarde de campo en buena compañía… Los plaids se pliegan fácilmente, caben en cualquier bolsa y se convierten en el mantel improvisado, en la manta para descansar bajo un árbol o en el abrigo ligero cuando el sol decide esconderse.
En realidad, un plaid termina siendo aquello que cada persona quiere que sea. Un compañero silencioso que suma belleza y confort a los días: práctico, suave, natural.
Quizá por eso, cada vez que confecciono uno, siento que estoy creando algo más que una manta, es casi como darle forma a un pequeño momento de bienestar. 🌸